martes, 17 de julio de 2007

Los inocentes


Autor: Hermann Broch / Editorial DeBolsillo 2007 / Trad. María ángeles Grau

Silencio culpable

1

El silencio que precede al desastre, silencio cómplice y culpable en cuyas entrañas se gestó la tormenta que barrió Europa. Los hombres que llenaron el espacio de palabras que nada decían de lo que les rodeaba, aquellos que sólo tuvieron ojos para lo que se puede tocar, son los inocentes. Los que no hicieron nada y, con ello, desataron la tormenta.

2

Por regla general el lirismo asaeta a los personajes, los agujerea. Broch los envuelve, los abraza lo justo como para arrancarles el alma por la boca. La delicadeza de un poeta tirando de los hilos siempre hacia arriba.

3

La apatía de la baronesa encerrada, la venganza que duerme en Zerline, la indiferencia instintiva de Andrea.

Y una sola voluntad, la de Zacarías, encarnación de la clase media alemana de entonces, convencido de que su hermandad con la muerte le conducirá al infinito.

4

La técnica acabó con el hombre de los compases, con la poiesis artesanal. El hombre deja de hacerse con sus manos, ya no tiene en qué dejar un pedazo de sí. Se acabó el cuidado, empezó la serie.

El abuelo de las abejas encontró, en su rendición, un sentido nuevo que le colmó. Se apartó así de la trayectoria de la flecha de la historia.

5

Cuando se mezcla política y metafísica, el imperio se confunde con la misión. El hambre de absoluto alemán y la inflación: dos formas antagónicas de apelar a la misma región del espíritu.

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