Autor: Knut Hamsun / Editorial: Anagrama 2006 / Trad. Kirsti Baggenthun y Asunción Lorenzo.
La bestia herida
El protagonista de la novela, el teniente Glahn, es un hombre que ha decidido apartarse de los hombres y vivir de acuerdo con la Naturaleza. Solitario, taciturno y rudo, caza para sobrevivir y pasea por el bosque en compañía de su perro Esopo hasta que cae la noche; entonces se refugia en su cabaña y sueña que las ninfas lo seducen. Pero con la primavera llega el cambio y Glahn se enamora desesperadamente de Edvarda, hija del cacique local de Norland, el pueblo aledaño. Ella es una adolescente caprichosa e insegura cuyos hábitos y modales de alta sociedad incomodan y desubican al primitivo Glahn. El idilio es intenso pero corto, Edvarda se cansa pronto del cazador y empieza a relacionarse con un viejo barón. A su vez, el protagonista, rechazado y resentido, comienza un romance con Eva, la esposa del herrero, despertando así los celos de Mack, padre de Edvarda, y desencadenando el desastre.

El protagonista es un personaje de tintes nietzscheanos: es un individualista reacio a la civilización que se rige por una moral particular y se identifica con el sentido de la tierra. La Naturaleza reclama la fuerza de Glahn, exige que sea un hombre duro y hábil, y a cambio de este sacrificio le ofrece toda la belleza que comprende y genera constantemente.Una naturaleza unívoca, con su crueldad inocente y con un sentido claro pero en el que a la vez hay cabida para un universo mágico de ninfas y viejas historias. No por casualidad Pan, dios de los pastores y representante de la naturaleza salvaje, era cazador e irascible y pertencía al cortejo de Dioniso.
La ruptura de la armonía primigenia tuvo forma de mujer. Enamorarse de Edvarda suponía introducirse en unos círculos que Glahn no comprendía, en los que sus aptitudes no servían para nada: la civilización. Glahn es un inadaptado social por vocación, y su torpeza en las formas y su poca capacidad de socialización le producen sentimientos hasta ahora desconocidos. Siente vergüenza y culpa, es incapaz de adaptarse. A ello hay que unirle los obligados desprecios propios del juego de la seducción de la amada, que lo exhibe como un trofeo, una rareza. Pero ella se cansa pronto y lo deja, como dejó al doctor, para buscarse otro “príncipe”, y es aquí donde se empieza a dibujar el perfil de la bestia herida. Ligado a unos hombres que no entiende y que le rechazan no sabe ya cómo defenderse, no sabe ya a quién atacar. No sabemos qué ha llevado a Glahn a elegir una vida lejos del resto de los hombres, pero sabemos la irresistible atracción que siente por Edvarda que representa muchas de las cosas que él detesta. He aquí la paradoja: el individuo solitario y salvaje es incapaz de resistirse a una hija de todo lo que odia, por mucho que duela, por mucho que le haga sufrir.
Eva es una mujer fresca y espontánea, hecha en el mundo que Glahn adora. Eva es el refugio, la vuelta al paraíso, la redención. Como la Naturaleza, Eva es lo dado y se entrega sin reservas al cazador, sin importarle las consecuencias. Y Glahn recibe el regalo como algo propio y tan necesario como el paso de las estaciones. Pero la sombra de Edvarda está siempre presente y su juego estúpido es capaz de más que la solicitud de cualquier pastora e incluso desaparecida es el hilo conductor del fatalismo.
Pan es de un lirismo contenido y efectivo y su estilo es brillante. Lo único que no me convenció es el Glahn enamorado, que me resulta empalagoso como un Werther, pero con cien años de diferencia.

Si con Hambre Hamsun fundó la novela moderna y la figura literaria del outsider, con Pan empezó su apuesta por la vuelta a la naturaleza como único espacio de existencia auténtica. Su renuncia a la civilización se fue acentuando con los años como se verá en La bendición de la tierra.
Por último, la elección de la portada, un cuadro de Eduard Munch, me parece todo un acierto.