Esta es una pieza que escribí hace un par de años para la facultad, pero como me sigue gustando la cuelgo ahora. Empezó como un diálogo, devino una obra de teatro y terminó siendo un híbrido bastardo. Abro la categoría de relatos con cualquier cosa menos eso. Espero que os guste.
Deshojando margaritas
« He descubierto el secreto
de amarte,
siempre por primera vez. »
A. Breton
Día 1
( Decorado de un parque. Iluminación simulando el mediodía. Un banco en medio del escenario.)
( Alba, sentada en el banco, deshoja distraídamente una margarita. )
( Entra Pedro y, en el extremo izquierdo del escenario, empieza un soliloquio, mientras observa a Alba.)
PEDRO: ¡Dios del cielo! ¿Qué ven mis ojos? ¿Acaso es un ángel desnudando una margarita? Esa cara pintada de Luna, esos ojos del color de la noche, esas estrellas que bailan en su boca… ¿No es ése el sentido último de las cosas? Todo cobra sentido, el abismo toma forma de mujer. ( Se acerca a Alba ) Señorita (muy respetuoso), ¿me permite que le dirija la palabra?
ALBA (sorprendida): Sí, claro…
PEDRO: Disculpe que la interrumpa en tan bello quehacer, mas no podría seguir respirando si no le confesara que es usted el más bello ser que jamás vieron unos ojos. La amo señorita, sí, la necesito como el pez al agua, como la hiena a la carroña. Déjeme que le coja las manos y una vez hecho esto… ¡Que me las corten cuando quieran!
ALBA ( apabullada pero sonriente): Pero caballero, ¿habéis perdido la cabeza?
PEDRO ( grandilocuente): ¡Sí! Y el corazón también, ¡miradlo! Lo tenéis entre vuestras manos. Hacedlo vuestro o ¡arrojádselo a las fieras de una vez!
ALBA (avergonzada): Pero… ¡Todo esto es tan precipitado!( mira al suelo como si buscara algo desesperadamente). No sé…(mira a Pedro como el que mira a un loco y sonríe)
PEDRO (fuera de sí): Esa sonrisa…¿es un anticipo del paraíso? ¿Es la sonrisa de un tuerto? ¿Quiere ser mi mejor mitad?
ALBA: Sí querido, quiero ser la mano que cierre tus ojos por última vez, quiero ser el agua del que beba tu sed, la sangre que mane de tus heridas.
PEDRO: ¡Bésame desconocida!, sellemos la muerte de dos almas, celebremos el nacimiento de una, más perfecta, infinita. Bésame.
ALBA: Recuerda este nombre, porque con él termina la noche. Me llamo Alba y quiero que tus labios sean los míos ahora.
PEDRO: ¡No podría ser de otra manera! Amaneceré en ti hasta que el mundo reviente. Soy Pedro y, desde hoy, miraré por tus ojos, respiraré por tu pecho y … y…
ALBA: ¿Y qué? (Pedro la besa. Beso largo, apasionado, húmedo y…TELÓN)
Día 2
( Mismo decorado)
( Alba, sentada en el banco, deshoja atentamente una margarita)
( Entra Pedro y, en el extremo izquierdo del escenario, empieza un soliloquio mientras observa a Alba)
PEDRO: ¡Por todos los santos! ¿Qué ven mis ojos? ¿Acaso es un ángel ante un espejo de flores? Esa luna pintada de cara, la noche de sus ojos, las perlas que mastica…¿No es ése el sentido último de las cosas? Si el abismo está en esos ojos, ¡mirémoslos sin miedo!(Se acerca a Alba) Señorita (muy respetuoso), ¿me permite que le dirija la palabra?
ALBA: ¡Pedro!, ¡Qué alegría verte! ¡Bésame!
PEDRO (estupefacto): ¿Cómo?¿Me conoce?
ALBA (sorprendida): ¿Qué pasa Pedro, no me reconoces?
PEDRO: ¡Voto a tal!, si alguna vez la hubiera visto me acordaría, créame.
ALBA (más sorprendida): Pero si ayer estuvimos aquí, nos besamos y nos prometimos amor eterno.
PEDRO (muy tímido): ¿No me estará confundiendo con… otro?
ALBA (enfadada): ¡No querido! Eras tú, seguro. El primer hombre que conozco y el último (hasta que llegue el siguiente) al que amaré.
PEDRO ( ya repuesto): Me da igual lo que hicierais antes de que os aparecierais ante mí. No podría seguir viviendo sin confesaros que sois el ser más bello que han visto unos ojos. La amo señorita, sí, la necesito como el pez al agua, como las ladillas al libertinaje.
ALBA ( extrañada): Yo también te quiero Pedro, pero ¿de verdad no te acuerdas de lo de ayer?
PEDRO: Calla mujer, y bésame con hambre. Sellemos la muerte de dos almas y celebremos el nacimiento de una sola, más grande, eterna! ¡Bésame desconocida!
ALBA (perpleja): Alba, me llamo Alba.
PEDRO: ¡Es imposible que fuera de otra forma! Contigo nacen mis días y contigo morirán. Yo soy…
ALBA: …Pedro.
PEDRO: Eso.Y…y…(ella lo agarra del cuello y le besa. TELÓN)
Día 3
( Mismo decorado)
( Alba, sentada en un banco, deshoja lacónicamente una margarita)
(Entra Pedro y, en el extremo izquierdo del escenario, comienza un somniloquio mientras observa a Alba)
PEDRO: ¡La virgen! ¿Qué ven mis ojos?¿Acaso no es un ángel compadeciéndose de una margarita? Esa pinta carada lunesca, esa noche de ojos, esos dientes perlados…¿No es ése el sentido último de las cosas? Porque el abismo es negro y profundo hay que saltar hacia dentro con valentía.(Se acerca a Alba) Señorita (con mucho respeto)¿me permite dirigirle la palabra?
ALBA ( de vuelta): Sí claro.
PEDRO: Disculpe que le moleste en tan bello quehacer, pero debo confesarle…
ALBA (burlona): …que me amas desesperadamente. Me necesitas como el pez al agua, como el político a sus medios de comunicación afines.
PEDRO (no entiende nada): Sí, claro, pero ¿Cómo lo sabéis? ¿Podéis leer en mi alma?
ALBA: Como en un libro cerrado.¿ A que queréis un beso?
PEDRO (no se lo termina de creer): Sí, claro que lo quiero. Sellemos la muerte de dos almas y celebremos…
ALBA (imitándolo): el nacimiento de una sola, grande, eterna, sublime, inconcebible, bla, BLA, ¡BLA!
PEDRO (cerca de la ofensa): Pero…¿habrase visto? Desconocida deslenguada…
ALBA: Alba.
PEDRO (vuelto en sí ): ¡Oh, caprichoso destino!¿A qué debo este regalo? Amaneceré en ti para morir cuando tú…
ALBA (exasperada): ¡Cállate y bésame como si sólo pudieras respirar por mi boca cabrón!
PEDRO: Pero señorita… (Ella lo agarra del pelo y le besa, le muerde los labios y si no hubiera que bajar el TELÓN se le metía dentro por la boca. Lo dicho, TELÓN )
Día 4
(Mismo decorado)
(Alba, sentada en el banco, destripa una margarita con la dulzura de un tabernero)
(Entra Pedro y, en el extremo izquierdo del escenario, empieza un soliloquio, para variar, mientras observa a Alba)
PEDRO: ¿Qué ven mis dientes?¡ Por todos los ojos!¿No es acaso un ángel desintegrando una margarita como si fuera la Declaración de los derechos humanos? Esa cara pintada como una puerta, esos dientes negros como la noche, esos ojos blancos como las cosas blancas… ¿No es éste el sentido último de las cosas? Si el abismo lleva minifalda ¡invítale a cenar! (Se acerca a Alba) Señorita (muy respetuoso) ¿me permite dirigirle la palabra?
ALBA (alteradísima): ¡NO! ¡Váyase usted a cagar! ¡Me tiene podrida con sus huevadas de quinceañero! ( volviendo en mí ) Necesito a alguien que recuerde lo que hicimos ayer, que me saque defectos, que enferme conmigo.¡Benditos reproches! ¿Qué me va a reprochar un hombre con la memoria de un calamar?
PEDRO (como habrán adivinado los ávidos lectores: estupefacto): ¿Calamar?¿Huevadas? Señorita, usted me confunde…
ALBA (de nuevo fuera de sí ;): ¿Y cómo me vas a hacer llorar?¿Quién haría llorar a su pretendida en la primera cita? Mira Pedro, no te aguanto. Quiero sufrir, quiero arrugarme y hacerte daño. Quiero morirme sabiendo que, al menos, nos jodimos la vida el uno al otro, expirar con el consuelo de que conmigo se irá lo mejor de ti.
PEDRO: Pero si yo no le he dicho nada…
ALBA: ¿A que me quieres desesperadamente y me necesitas como un pez al agua, como un escritor a una metáfora fácil y resultona? ¿A que te mueres por besarme y recurrir al tópico de escritores de segunda de «sellemos la muerte de dos almas…»?¿ A que te vas a quedar patidifuso (Se Busca Sinónimo) cuando te diga que me llamo Alba?
PEDRO (Con cara de asimilar información muy despacio, como un ordenador viejo):¿Ah, pero te llamas Alba?
ALBA (resignada como el que tiene un hijo tonto ): Tan cierto como que te llamas Pedro. Mira, mejor lárgate, otras querrán lo que yo aborrezco. Al principio pensé que esto era genial.¡Que me quisieras siempre como la primera vez! Joder, entiéndelo Pedro. Si nunca te mueres es que no estás vivo. El amor es otra cosa chico.
PEDRO (flirteando con el llanto): Pero Alba… te quiero como jamás quise a nadie, siempre con la misma sensación cálida y mágica. Con la curiosidad obsesiva de…
ALBA: Que te pires ya, baboso.
PEDRO (por fin, llorando): Pero que te digo que te quiero.¿Qué culpa tengo yo? Fue Bretón el de la frasecita del principio del libreto. Culpa al Surrealismo si te atreves…
ALBA (histérica): ¿Pero qué dices gañan? Márchate de una vez, desaparece, esfúmate…
(En ese momento –ojo con la novedad- se levanta un actor que se halla sentado entre el público.)
DESCONOCIDO: No estás obrando bien Alba, créeme.
ALBA (desconcertada): Perdón pero, ¿Usted quién es?¿Y esas confianzas?
DESCONOCIDO: ¡Qué menos! Soy tu conciencia.
ALBA (momento esquizo): ¿Y qué hace usted ahí?
CONCIENCIA: Eso mismo me pregunto yo. Mejor subo. (Sube al escenario y se sitúa entre Pedro y Alba.) Mira Alba, sabes perfectamente que este chico va de buena fe.
PEDRO: Eso, eso.
ALBA: No le hables a mi conciencia. (dirigiéndose a ésta)Este hombre no me hace feliz.¿Prefieres que le engañe?¿Que le diga que le quiero?
CONCIENCIA: No, claro que no. Pero,¿ya estás segura? Recuerda lo segura que fuiste aquel día a votar y…
ALBA: Joder no me perdonarás nunca que votara al PP- cambiar siglas dependiendo de la comunidad autónoma en la que se represente la obra- ¿verdad? Pues mira, sí, estoy convencida.¿No querrás que renuncie a lo que , evidentemente, es la moraleja de esta pantomima?
CONCIENCIA: Bueno, en ese caso…(mirando a Pedro) Lo siento chico.
PEDRO: Pero, pero…
CONCIENCIA: Vale, cállate un ratito ya.
(Se levanta una actriz de entre el público)
DESCONOCIDA: ¡Menuda cerda la tía esta!
ALBA, PEDRO Y CONCIENCIA (al unísono): ¿Y usted quién es?
DESCONOCIDA: Por si aún no se han enterado, yo soy la Opinión que tienen los demás de usted.
PEDRO: Por Dios ¿Quién ha escrito esto?
CONCIENCIA: ¿Quiere usted subir?
OPINIÓN: No, gracias. Aquí estoy bien. Lo que quería decir es que lo que hace no tiene nombre. Un chico tan majo, tan bueno…Menuda frívola.
CONCIENCIA: Pero entienda que… (Atención, que llegamos al clímax- nota para los críticos-)
OPINIÓN (descarada): ¡No la justifique! Es usted una desagradecida y una perra…
ALBA: ¡Si tanto le gusta quédeselo usted!
PEDRO: Pero Alba…
CONCIENCIA: Por favor…
ALBA (dirigiéndose a Opinión): Deje de meterse en mi vida , sucia hetaira del pensamiento único, quintacolumnista de la espontaneidad de la vida, piojo enrarecedor de discursos…
OPINIÓN: ¡Uy lo que me ha dicho! Ingrata, golfa!
(Otros actores situados estratégicamente entre el público se levantan y empiezan a abuchear a Alba. Así se busca el efecto dominó, conocido en algunos paises como Ley de Lynch. Alba parece no creérselo, Pedro está atónito y Conciencia siente su propio cargo)
ALBA (solemne): Cállense, ¡Cállense! (Cesan los abucheos) ¿No son capaces de entenderlo? No se puede querer siempre por primera vez, de la misma forma que sólo se es virgen una vez. Traten de entenderlo. Coincido con ustedes, es una idea bellísima, pero ¿Qué hay de nuestros demonios, de nuestra sed de sangre? Ustedes no respetan a sus vísceras, no hacen los sacrificios que el alma, ese asma metafísico, exige. ¿Se conforman con perseguir a los demás? Yo sé por qué lo hacen. Mientras persiguen no son perseguidos, mientras gritan no se escuchan. Pero un día se detendrán, y eso que algunos llaman historia y yo llamo inercia dejará un hueco que ¿cómo piensan llenar? Entonces llegará el silencio y con él, los lamentos de todas aquellas almas libres que mataron entre todos, aquellos ingenuos que pensaron que quizás los sueños ofrecían una salida digna. Ustedes los hundieron en el fango, y ahora reconozco alguno de sus rostros entre el público. ¿He dicho público? Entonces he dicho bien. Maldito sea el mundo en el que algunos deciden mirar lo que hacen los demás. Maldita sea la raza que premia lo que es de su agrado, que aplaude en un teatro lo que tiene en casa. Háganme caso, márchense, salgan a vivir, enmohezcan con este mundo terrible y maravilloso que no les quiere ni mierda. Ea.
(Silencio. Se supone que la gente está reflexionando)
PEDRO: ¡Eh! ¡Ha dicho MIERDA!
(Vuelve el abucheo con fuerzas renovadas, azuzada por la opinión-brillante alegoría nunca vista antes- y empiezan a tirar basura al escenario. Pedro llora, Conciencia huye a bastidores y Alba, enfurecida, corre por el escenario como el animal que se sabe acorralado. Tropieza y cae encima de Pedro, que la abraza como un perro en celo a una pantorrilla anónima- pero sin culear. Ella no opone resistencia y se abandona a su abrazo. Se hace el silencio. Entra CONCIENCIA y empieza, a su lado, a aplaudir tímidamente. Los linchadores, en pie, se suman a lo que termina siendo una ovación cerrada. Empieza a bajar el TELÓN, en teoría el público aplaude mientras Alba, como loca, grita:)
ALBA: Bastardos, bastardos, bastardos…(ad infinitum. Pronto el silencio de los demás la terminará callando .)
TELÓN
domingo, 18 de marzo de 2007
Deshojando margaritas
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miércoles, 14 de marzo de 2007
Los perros de Tesalónica
Autor: Kjell Askildsen / Ed. Lengua de trapo 2006 / Trad. Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
“Volvía a casa cuando estaba poniéndose el sol. Abrí con la llave. Todo estaba en silencio. Entré en el salón. Daniel está allí sentado. Así que has vuelto, dijo. No contesté. ¿Dónde has estado?, preguntó. Dando una vuelta, respondí y me senté. Te fuiste sin decir nada, señaló. No contesté.”
La navaja de Askildsen o el arte de no contar
Dicen que las puñaladas se sienten pero no se oyen; algo parecido me ha pasado con Los perros de Tesalónica. El pulso del noruego no tiembla en ningún momento durante los siete relatos de un libro sobresaliente. Su corte vigoroso y frío, su voz grave y sus ojos, los nuestros, siempre dirigiéndose hacia los aparentemente inocuos acontecimientos, nos llevan a un mismo paraje donde yacen amores moribundos y deseos insatisfechos.
Como un Carver en un día de lluvia, el autor se sirve de una economía narrativa envidiable para para hablarnos de hombres que callan, de hombres que presumiblemente lo tienen todo pero siguen deseando mujeres que no son la suya, vidas que pudieron ser, que podrían ser pero no serán. El anhelo como rumor subterráneo y amenazante, que cada vez que encuentra una grieta para aflorar a la superfície se encuentra con un Askildsen despiadado que lo devuelve a la oscuridad, donde continuará carcomiéndose.
Saber callar, dejar que sea el silencio que nos atraviesa el que nos explique.
“No has cambiado, dijo ella. No, contesté, lo hecho, hecho está.”
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jueves, 8 de marzo de 2007
Locura Filosofal
Autores: Nigel Rodgers & Mel Thompson / Ed. Melusina 2005 / Trad. Albert fuentes
“ Schopenhauer […] escribió Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente. Esta obra le valió el doctorado de la Universidad de Jena. De vuelta a Weimar, le entregó en noviembre un ejemplar encuadernado a su madre, quien comentó que un título tan extraño por fuerza tenía que ser para farmacéuticos. Él le replicó que sus obras todavía se venderían cuando sus banalidades estuvieran olvidadas. Su madre le contestó con dulzura que, en efecto, tal sería el caso, porque ella habría vendido toda la edición.”
En efecto, Schopenhauer discutía con su madre por los ejemplares vendidos de sus respectivas obras, y no sólo eso, sino que además estuvo a punto de casarse con una actriz y tiró a su propia costurera por las escaleras aduciendo que hacía demasiado ruido, por lo que fue condenado a pagarle una pensión de por vida. Podemos encontrar estas anécdotas y muchas otras en Locura filosofal donde se explica de forma somera y entretenida la vida de ocho importantes filósofos desde Rousseau hasta Heidegger pasando por Wittgenstein, Nietzsche, Sartre y demás.
Las biografías son bastante completas y van acompañadas de una síntesis solvente de sus teorías, y la verdad es que el ritmo y y el tono en el que está escrito hace de este libro un pasatiempo muy ameno. Lo que no me termina de convencer del libro son los juicios particulares de los autores quienes, pretendiendo medir la fidelidad de la vida de los filósofos en relación con sus obras, terminan forzando las interpretaciones teóricas para que se adecúen al comportamieno del filósofo en vida; el capítulo de Heidegger es el más ilustrativo de esta afirmación. El tono irónico del libro me gusta, si bien a veces parece excesivo e incluso injusto en algunos reproches y, de vez en cuando, recorre al libro un espíritu aleccionador – si se me permite un poco anglosajón - que me resultó un poco pueril.
Quitando esto último, cuyo sentido no entiendo más allá del molesto “predica con el ejemplo”, creo que el libro merece la pena si te gusta la filosofía y, como yo, sientes esa enfermiza curiosidad por las miserias de los grandes, que muchas veces, en mi opinión, nos dan la raíz de su pensamiento. Concluyendo, un libro ligero ( no esperéis mucha miga) pero interesante para un rato y algunas veces divertido.
Mi favorita: Nietzsche escribió “¿Vas con mujeres? No olvides el látigo.”
Al poco tiempo se hizo esta fotografía..jpg)
La del látigo es la deseadísima Salomé, Nietzsche es el que tira del carro.
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