jueves, 28 de junio de 2007

300 y el reciclaje espectacular

El otro día fui a ver la película 300, basada en el cómic de Frank Miller que ilustra la batalla de las Termópilas, en la que el rey de Esparta Leónidas se enfrentó, junto con sus trescientos hombres, al ejército persa de Jerjes en el siglo V A.C. La verdad es que las imágenes son espectaculares; la iluminación y la fotografía están muy cuidadas y el ritmo, cómo no, es trepidante. En este caso no podríamos decir que esta película sea una superproducción hollywoodiense en tanto que está prácticamente toda hecha por ordenador, pero sí que es cierto que atiende a determinados esquemas de dicho tipo de productos y además, tiene otro componente que me ha llamado la atención. He dividido este análisis en dos afirmaciones que explicaré por separado:

- Ideológicamente reaccionaria: La película empieza con una somera explicación de la particular paideia espartana: los niños que nacen débiles o tarados son arrojados a un acantilado en un ejercicio temprano de eutanasia activa (como hacían hasta hace no tanto en Suecia) para asegurarse de que sólo aquellos físicamente dotados fueran los futuros ciudadanos de Esparta. Luego podemos ver cómo los niños son criados para pelear y más tarde abandonados a su suerte en la naturaleza para que en su seno se curtan como hombres. Hasta ahora esto no pasa de ser una dudosa opción educativa. El problema se da cuando el ya crecidísimo rey Leónidas debe enfrentarse a la amenaza de los ejércitos persas que ansiaban hacerse con Grecia. Bien, para declarar la guerra era obligatorio en Esparta contar con los buenos designios de los dioses, que hablaban por boca de las sibilas del Horáculo. Obvia decir que para Leónidas es una pérdida de tiempo, “supersticiones” dice, pero se atiene a ellas por respeto a las leyes. Los sacerdotes, “seres endogámicos y deformes”, tras una interpretación libre de los designios divinos le señalan que los dioses no quieren que Esparta vaya a la guerra. Los políticos, igual de corruptos que los sacerdotes, tampoco apoyan la campaña. Pero Leónidas, en parte por orgullo torero (“si esos filósofos asaltacunas de Atenas no se rinden…”), pero sobretodo por la defensa de la libertad, decide darse un paseo por Termópilas con su guardia personal (hecha la ley, hecha la trampa). A partir de aquí ya tenemos consolidados dos conceptos: el culto al guerrero y la materialización antropomórfica de un sistema de valores.

Siguiendo esta película podemos llevarnos la impresión de que en tiempos difíciles sólo se puede confiar en el hombre de armas. Políticos pusilánimes y comprados por Jerjes, sacerdotes deformes y viciosos y un Estado débil: todos los ingredientes para ilustrar el camino unívoco de la guerra y del hombre guerrero. Leónidas, además de interpretar el papel de heroe semitrágico- en tanto que asume su propia muerte como deber ineludible pese a los designios divinos que ha su vez han sido manipulados- representa las ideas que defiende. La defensa de la libertad que hace, intentando ganarse la apasionada empatía del espectador, en realidad no es más que un sofisma. Me explico, Leónidas lucha por la libertad… de los hombres libres. La libertad de la que habla no es universal; Esparta,como Atenas, era un estado fuertemente jerarquizado, tenía ciudadanos de segunda(esclavos, extranjeros y mujeres) que ni eran libres ni lo iban a ser. Recapitulando:Leónidas y sus hombres, paradigmas del guerrero puro, apenas integrados en lo social – y menos mal, porque visto lo visto…- van en busca de una muerte segura en defensa de los absolutos de la ética, tales como la libertad y la justicia, que además personifican cuasi físicamente. La reacción es evidente. El guerrero monolítico es la única esperanza frente a los que quieren derrocar aquello que las laxas instituciones no son capaces de defender. Vuelve el heroe americano transfigurado en rey espartano, aquel que defenderá nuestra “libertad para siempre lo mismo” que diría Adorno. Las situaciones son distintas pero los esquemas ideológicos son los mismos. También podríamos hablar largo y tendido de Jerjes, rey de Persia (que hoy estaría por una de esas casualidades en Iraq), que nos es presentado como un travestido polígamo y vicioso. Porque un rasgo definitorio de esta película es que el maniqueismo es llevado hasta el ridículo, me explico, no es suficiente con que los malvados lo sean sin matices, tienen que parecerlo; de ahí que podamos adivinar la catadura moral de un personaje sólo con mirarle a la cara. Tenemos así un universo que no requiere de interpretaciones, es claro y evidente a ojos de cualquiera quiénes son los malos y por qué.

Estéticamente homoerótica: Todos aquellos que hayan ido a ver la película sin duda habrán advertido que se trata de casi hora y media de hombres semidesnudos y sudorosos. A lo primero que me retrotrajo es a otro clásico del género:Ben-Hur,en el que la relación entre Charlton Heston (el machote descerebrado de la Asociación del rifle) y stephen Boyd recreaban una relación llena de guiños al público gay, la estética de gladiadores y de saunas.

Pero si vamos más allá encontraremos ecos del realismo social, tendencia artística de la que se apropiaron algunos regímenes totalitarios con fines propagandísticos. En ellos el varón construye la nueva sociedad entre otros hombres descamisados y sudados, en una recuperación interesada del cánon de belleza masculino de la antigua Grecia. El objeto de culto, el varón, que podemos ver en la obra sobre las olimpiadas de Riefensthal o en los documentales propagandísticos de los adolescentes de las juventudes hitlerianas, es la figura que pretende redimir a la obra de arte de su carácter de fetiche, y lo único que logra es un fetiche de su propia representación. El trabajador (comunista o nacionalsocialista) como sujeto de la historia. Leónidas y sus musculados guerreros.

Obvia decir que en la película no se hace referencia en ningún momento a las relaciones sexuales que pudiera haber entre los 300 ( análogas a los 300 del Batallón sagrado de Tebas, distribuidos en parejas de amantes ). Hasta aquí es lo normal dentro de la ideología que desprenden este tipo de producciones, que se siguen de la ecuación valiente-viril-heterosexual. El problema está en el trato que dispensa el rey a su esposa, en una especie de adoración de la dama ( ese despojo del romanticismo alemán tan rancio del que aún no ha podido librarse la industria del cine) y que apuntala la trama. Ella es una mujer dura y valiente (porque claro, es espartana) pero está sometida a su esposo-rey. Por supuesto son monógamos, como la gente decente, a diferencia de Jerjes, que dispone de un harén de prostitutas…lo habéis adivinado: deformadas.

Decía reciclaje espectacular y decía bien. Se pueden escudar en que es una versión de una versión (copia de la copia) y que es una obra sin ningún tipo de ambición de verosimilitud o pretensión histórica, pero está claro que respetan al dedillo todos los clichés del cine épico americano. La sociedad del espectáculo (expresión de Debord que ya no está de moda pero que aún sirve) recupera una historia de la antigüedad y la recicla para servírsela al gran público.Un producto desnaturalizado y tendencioso (hasta Efialtes el traidor es un monstruo amorfo), ideológicamente sospechoso y sin matices. Si bien es entretenida y estéticamente ,a mí, me ha gustado mucho, qué le vamos a hacer.

1 comentario:

Listo Entertainment dijo...

En resumen, una mariconada reaccionaria.